Tuesday, July 9, 2013

Mi talón de Aquiles

Parece ayer cuando lo vi entrar a mi casa con un jean gastado, pullover turquesa y un gorrito de lana negro que tapaba sus gruesos rulos morochos. Era apenas un niño asustado y apaleado que tenía suerte de ser alto, por eso el pintor que yo había contratado lo había traído para llegar a los lugares altos.
Recuerdo su carita manchada con pintura blanca, sus ojos color miel mirando vacíos por debajo del dobladillo del gorrito.
Esa noche se quedaron pintando hasta muy tarde y ofrecí llevarlos hasta sus casas ya que no circulaban mas colectivos a esa hora. La primera parada fue la casa del pintor titular, la segunda la de su ayudante.
Bajo la luna de una noche de Septiembre nos quedamos hablando de bueyes perdidos en mi auto, al verme temblar de frió me ofreció entrar a su casa a tomar algo caliente y seguir nuestra charla al abrigo de una habitación calefaccionada. Hablamos un par de horas mas y sus ojos pardos seguían tan vacíos como antes... Me compartió su pasado, su presente y nunca imaginé que escribiríamos un futuro juntos...
Allí empezó una historia de amor y pasión que no creí que podía  terminarse. Dos meses después dimos el sí ante la jueza y nos convertimos en marido y mujer... Ese niño de ojos color miel era ya un hombre y era mío... mi hombre.
Siete años después otra jueza firmo la disolución de esa ilusión y es doloroso asimilar que ya no sigue siendo mi hombre... ni yo su mujer. Nuestro barco no soporto las tormentas que nos azotaron. Hubo desacuerdos, traiciones, desaires, palabras hirientes, actitudes fulminantes. El amor todavía revolotea en nuestros ojos cuando espaciadamente nos vemos, pero al perdernos de vista sólo quedan miradas llorosas y carentes de alegría. Un sabor amargo que nos recuerda que aunque nos amemos no podemos volver a estar juntos. Mi corazón ya no puede confiar en él, mis labios ya no pueden besarlo, ni mi cuerpo amarlo. Esos ojos miel volvieron a mirar vacíos, ya no es un niño... es un hombre que  asustado y apaleado a veces busca mis brazos tratando de encontrar quien es, o en que se ha convertido y con cada acercamiento me clava espinas en mi frágil corazón que aun no ha cicatrizado.