En esta etapa universitaria de mi vida había un evento memorable todos los años que era la semana del estudiante. Durante toda la semana habían juegos y competencias, a la noche estudiantinas en la cantina (donde corrían la ginebra y el vino como agua de la canilla) y el ultimo día se cerraba el evento con sketchs por demás grotescos a cargo de cada grupo participante. Los grupos tenían nombres insolentes y congregaban alumnos de todas las facultades. Días antes de la semana del estudiante los alumnos ingresantes eran reclutados por estos grupos, puestos a prueba con tareas varias y al comienzo de la estudiantina se hacían ceremonias de iniciación. El grupo que me reclutó, lejos de ser sexópatas como los de naturales o borrachos empedernidos como los de ingeniería era un grupo comandado por un hombre de avanzada edad que vivía en la zona de Neuquén y que era un eterno estudiante de no se que carrera. Este grupo se caracterizaba por usar orejitas de peluche y respondían al grito de los lideres con un largo aullido de perro. En medio de la estudiantina los miembros de este grupo se retiraban del baile para tomar el vascoleche en alguna sede de facultad y se jactaban de buen comportamiento y no caer en como alcohólico como otros grupos del evento.
La estudiantina era una semana de perdición y conductas sexuales promiscuas, por mas que los cuzcos lanudos querían vender una imagen de buenos chicos, sanos y de su casa, era común ver alguna cuzca o un cuzco metido por los laboratorios con un compañero casual o en los ascensores buscando algo de privacidad. Era una cacería en la cual comerse a un cuzco era el premio mayor.
No éramos buenos en las competencias, pero si nos llevábamos todos los laureles en el cierre de la semana. El sketch de los cuzcos se hacía con gran detalle, se presentaban con un guión elaborado y con humor refinado y astuto y la calidad del sonido era óptima porque se grababa un playback con las voces y los efectos de sonido. Eso contrastaba con los sketchs groseros y trillados que presentaban los demás grupos.
Terminada la semana del estudiante, todo volvía a la normalidad y los romances surgidos de esa semana no duraban. Volver a los parciales y trabajos prácticos y las miradas largas por los pasillos de ese monstruo de universidad al cruzarse con alguno que te juro amor eterno producto de la mezcla de vino con ginebra.
Hace muchos años que no se celebra la estudiantina en esa universidad y no tengo idea de cuando se dejó de hacerla. Yo terminé mi segundo año y no llegue a cursar el tercero. Perdido por perdido el mercado laboral de esa carrera en la zona era muy limitado y una vida de responsabilidades me esperaba. Estaba embarazada de mi primer hijo con tan solo 20 años, ya no podía perder un minuto mas, tenía que crecer de golpe y lo hice.
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